Andrés Zaldívar: “En el cambio a la Constitución no hay espacio para el voluntarismo

El miércoles, la presidenta de la DC, Carolina Goic, le propuso al resto de los senadores de su partido presentar una reforma para asegurar la titularidad del sindicato en los procesos de negociación colectiva en las empresas. La ofensiva buscaba contrarrestar el adverso fallo del Tribunal Constitucional (TC) sobre la reforma laboral, por lo que contó con el apoyo de todos los senadores de esa colectividad. Andrés Zaldívar, jefe del comité de la DC, fue uno de los últimos en firmar ese documento, que fue ingresado la noche de ese mismo miércoles a la oficina de partes.

Ustedes ingresaron el miércoles una reforma al artículo 19 de la Constitución. En ese artículo se lee que “la negociación colectiva con la empresa en que laboren es un derecho de los trabajadores, salvo los casos en que la ley expresamente no permita negociar”. En ese sentido, ¿el fallo del TC habría sido correcto?

No, yo creo que el fallo fue incluso mucho más allá de lo que establecieron los parlamentarios de la oposición que interpusieron la acción ante el TC. Para ellos -lo he conversado con ellos- fue una sorpresa hacia dónde fue el tribunal. El no tener titularidad permite una diáspora de grupos negociadores. Ahora, si no hay sindicato, hay que reconocerle el derecho a que grupos negociadores, con las mismas condiciones que un sindicato, puedan estructurarse para esos efectos. Pero el TC le negó la calidad de titularidad al sindicato y se la entregó al trabajador de forma individual. La Constitución debiera corregirse en ese sentido: el artículo 19 debiera corregirse en el sentido de declarar derechamente que la titularidad corresponde a los sindicatos preferentemente.

En la reforma que ustedes presentaron se plantea que “este derecho lo ejercerán preferentemente las organizaciones sindicales y, en ausencia de estas, los grupos de trabajadores que se unan para negociar colectivamente”. ¿Eso no es admitir que el TC pudo haber hecho una lectura correcta de que la titularidad actualmente no es del sindicato?

Puede interpretarse así, pero yo creo que una cosa de tanta trascendencia es mejor precisarla.

En el oficialismo dijeron que hubo una interpretación neoliberal de la Constitución. ¿Lo comparte?

No, yo creo que fue una interpretación excesiva. Provoca una situación de confusión como la que hemos tenido todos estos días. Nadie pensó que se iba a ir a una negación de la titularidad sindical. La ley corta va a tener que tomar ese tema y darle una solución.

¿Qué se debe hacer ahora para corregir la reforma laboral?

Algunos creen que también está afectada la titularidad sindical en los pactos de adaptabilidad, y que hay que aclarar eso. Yo personalmente creo que no, pero hay quienes lo creen. Por eso algunos dijeron que en el veto debía incluirse eso. Pero algunos piden que hay que ser más precisos, porque creen que los considerandos del fallo podrían dar a una interpretación en ese sentido. Aunque yo creo que el fallo no afecta la titularidad de los sindicatos en materia de adaptabilidad. Una vez conocido con toda claridad el fallo y con los estudios que harán los expertos, ver cómo la reforma puede ser lo más eficiente posible y que modernice las negociaciones colectivas. El tema de la titularidad no se puede, por lo que veo, corregir mediante una ley corta.

El escenario es complejo, entonces. Hay que ajustarse al fallo y, además, dejar contentos a todos, porque ustedes en la DC tienen una posición, pero en el PS, PC y PPD hay quienes piden eliminar todo lo que se dio como concesión…

Lo peor que podría hacerse es reabrir todo el debate que ya tuvimos. Hay que afirmarse en los acuerdos que tenemos entre todos y tratar de corregir ese tema (titularidad sindical), que es el más complicado… La ley corta no puede reabrir la discusión sobre las otras materias, como las adecuaciones necesarias (en caso de huelga). Ya está legislado eso.

Este fallo del TC se suma al de la glosa de gratuidad. A su juicio, ¿cómo ha conducido el gobierno sus reformas?

Lo que creo -y se lo he planteado al gobierno- es que incurrimos en una falta de mayor precisión y mayor cuidado en la forma como hacemos el trabajo prelegislativo. Una coalición de gobierno que es muy diversa exige mucho más trabajo prelegislativo. Lo que sucedió con la glosa de educación es lo mismo. Le advertimos al gobierno que había un riesgo de constitucionalidad. Y el gobierno llegó a otra convicción. Yo la respeto, pero creo que estaba equivocada. Y en este caso, en la reforma laboral, hay algo similar. Muchas veces es mejor gastarse un mayor tiempo en preparar bien un proyecto, que lanzarlo con poca madurez. En la Nueva Mayoría tenemos que ponernos de acuerdo en las cosas en las que hay acuerdo, y verificar las cosas en las que no estamos de acuerdo. No hay que forzar las cosas en las que estamos en desacuerdo. Y si se quiere ir más allá, hay que dejarlo establecido y decir “yo en esto tengo libertad de acción”.

¿Eso no ha ocurrido así?

No ha ocurrido. Nos ha faltado esa precisión.

¿Pero usted cree que en estos dos años y tanto de gobierno se han forzado muchas cosas?

Sí, sí, muchas veces, como diciendo “esta es la biblia, y el que no está con esto, está fuera de la biblia”. Y eso no es posible, porque siempre va a haber ciertas discrepancias y diferencias. En la reforma laboral estuvimos de acuerdo en la titularidad y en casi el 90% de los temas. Sin embargo, dimos la sensación de que unos estaban por la titularidad y otros no. O sea, unos estaban por la reforma y otros estaban por boicotearla.

Pero hubo varias diferencias entre la DC y el PS…

Y dentro de la propia DC también, y dentro del propio PPD. Porque hay demasiados intereses que se entrecruzan, entre los grandes empresarios, los medianos, los pequeños, los trabajadores. Es muy complejo… Para evitar esa imagen que se da hacia afuera, de descoordinación, de falta de aplicación, es necesario un trabajo previo mucho más fuerte de entendimiento y convicción común sobre los temas que hay que tratar, y también de que cuando los proyectos lleguen al Parlamento, lleguen maduros, no con improvisaciones.

¿La reforma laboral llegó con improvisaciones?

Sí, llegó con problemas. Bueno, tampoco nunca va a ser nada perfecto.

¿Pero fue improvisado, dice usted?

Hay improvisaciones. Seguramente, no se midieron las consecuencias. Pero yo no quiero aparecer como que yo tenía la razón. Esto pasa con reformas muy profundas. Pasó también con la tributaria. Y en educación tenemos muchos temas pendientes.

¿La reforma educacional sería el mejor ejemplo de esa improvisación que usted advierte?

En el tema de la glosa de gratuidad, sí. Yo creo que, efectivamente, el gobierno, queriendo hacer una cosa con mayor agilidad y rapidez, recurrió a ese sistema de la glosa, que después tuvo que corregir a través de una ley corta.

¿Cómo calificaría todo este escenario que usted plantea? ¿Ve un exceso de voluntarismo?

No quiero calificar malas intenciones en nadie. Hay una visión diferente. Hay gente que es más voluntarista.

¿Quiénes?

No te voy a decir quiénes. Unos son más voluntaristas, y están convencidos que lo de él es lo que hay que hacer, cualquiera sea el obstáculo que se le ponga por delante. Y hay otros que creemos que es más lógico la racionalidad, aterrizar mejor las cosas, demorarse un poco más, pero llegar a puerto bien.

Considerando la reforma laboral y el cambio a la Constitución, ¿usted cree que son dos cosas que generan incertidumbre económicamente? Así lo planteó el ministro de Hacienda a la Nueva Mayoría en el último comité político. Si bien no hizo un juicio de valor, lo hizo constatando un hecho sobre el proceso constituyente…

Yo constato el mismo hecho. No me gustaría que fuera así, pero muchas veces se crean fantasmas por los propios posibles afectados por las reformas. Hoy hay mucha gente que cree que se va a vulnerar el derecho de propiedad. Muchas veces hay una exageración. Ahora, al proceso constituyente no hay que tenerle temor, porque todo lo que sea participar y dar ideas tiene un marco claro de referencia. Tú no vas a poder hacer ninguna reforma constitucional o ninguna nueva Constitución si no es dentro de la institucionalidad. ¿Y cuál es la institucionalidad? El que tiene hoy el poder constituyente es el Parlamento. Por ejemplo, si queremos instalar una asamblea constituyente, tiene que ser el Parlamento el que lo apruebe por 2/3. Lo mismo si se quiere una comisión bicameral, si se quieren modificar los quórums, etc. Eso tiene que ser un marco de referencia que debe darnos absoluta confianza de que en el cambio a la Constitución no hay espacio para el voluntarismo o para que esto vaya a ser por la presión de la calle. Por supuesto, hay que escuchar a la gente, pero aquí el Parlamento tiene que asumir su rol.

¿Esa confianza o tranquilidad a la que usted apunta estará dada porque todo se va a hacer en un marco institucional?

La gente que está haciendo esto de levantar fantasmas, sobre todo el sector de la derecha, se está asustando a sí misma. Y está cometiendo un gran error. Aquí no hay modificaciones si no se cuenta con la voluntad de las mayorías en el Parlamento, ni en Constitución ni en reforma laboral ni en nada.

Eso suena como que el Congreso no permitirá que la Constitución se mueva mucho de sus márgenes actuales…

Oye, pero si un Parlamento el día de mañana puede decir “sabe qué más, vamos a hacer una asamblea constituyente”, que se elija de tal forma y con quórums… Quien puede delegar su facultad constituyente es el propio Parlamento.

Pero pareciera que ustedes no quieren renunciar a esa facultad…

No, yo creo que no, yo creo que es un error.

El ministro de Hacienda también advertía en privado, en el último comité político, la posibilidad de que el país caiga en un estancamiento económico. ¿Lo comparte?

Hay elementos externos e internos, como estos fantasmas que te decía.

¿Las medidas de impulso económico del gobierno le parecen adecuadas?

Es una intención, pero yo insisto: hay que buscar un gran acuerdo social entre empresarios, trabajadores y gobierno para realmente apostar por el crecimiento, que está díscolo. A todos les interesa que al país le vaya bien. Y para eso y afrontar todas estas reformas que tenemos, se requiere más crecimiento y disciplina fiscal, que no se nos suelten las trenzas frente a las presiones legítimas que se puedan hacer. Hay que ser muy claro, igual que un padre de familia: si no hay posibilidad de más gasto, hay que restringirse, hay que apagar alguna luz y habrá que meter un recorte en otra cosa. Lo único que no puede pasar es desordenarse.

¿Es viable apretarse el cinturón en período electoral?

No sólo es viable, es muy necesario. Yo recuerdo cuando era ministro de Hacienda, y algunos me decían que “con un poquito más de inflación no va a pasar nada, y vamos a solucionar el problema”. Sin disciplina fiscal no tenemos ninguna cosa que hacer, haya crecimiento o no. En eso, todo mi respaldo al ministro de Hacienda. Él tiene que jugar, muchas veces, el papel de malo, porque es el obligado a hacerlo, como el padre de familia: tiene que estar atento, aunque el cabro le llore.

Entrevista: http://www.latercera.com/noticia/politica/2016/05/674-680806-9-andres-zaldivar-en-el-cambio-a-la-constitucion-no-hay-espacio-para-el.shtml

Facebook Twitter Email

Notas Relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*
Website